| published: 2008-09-16 |
Seamos su carta en esta época, porque nuestro Padre no escribió otra.Cuando falleció el Fundador, se reunió su Familia en torno a él. Para asumir su misión |
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SCHOENSTATT, mkf. "Cuarenta años después es más necesario que nunca que seamos su carta en esta época, porque nuestro Padre no escribió otra". La última frase de la homilía del P. Heinrich Walter en la mañana del 15 de septiembre, en la Iglesia de la Adoración en el Monte Schoenstatt, no fue un final, sino un comienzo para los próximos años. Como ya sucedió el día anterior, a algunos de los peregrinos argentinos y chilenos – que llenaron una buena parte de la iglesia, y seguían la homilía traducida – les deben llegar a la mente las palabras de la canción "Para los próximos 100 años", la canción de la familia que sigue a su Padre y Profeta, porque "hondo, en nuestras almas, arda viva la confianza en nuestro Padre: él nos guiará", la canción de la familia que invita a que "cada día nuevo se torne historia hecha de la mano de Dios..." Esta santa Misa, celebrada en las primeras horas de la mañana del 15 de septiembre, ha tenido siempre su propia mística, pero este 15 de septiembre hay algo más. En esta época del año a las seis y media de la mañana apenas está amaneciendo. Llega una multitud a la Iglesia de la Adoración: en autos, en ómnibus y a pie: desde la Casa de Formación viene una verdadera procesión silenciosa y orante de Hermanas de María; Padres de Schoenstatt de todo el mundo, entre ellos el terciado íberoamericano y los participantes en la Conferencia de Superiores; Sergio Acosta, que desde hace once años traduce para el proceso de beatificación del Padre Kentenich, y el numeroso grupo de peregrinos de Chile y de la Argentina. No sólo somos administradores de esta herencia, que nos llena de admiración.El P. Heinrich Walter, presidente de la Presidencia General de la Obra internacional de Schoenstatt, retomó el tono que le había dado Mons. Robert Zollitsch a este cuadragésimo aniversario del fallecimiento del Padre Kentenich: "Ustedes son nuestra carta, escrita en nuestro corazón, y todos los hombres pueden leerla y comprenderla" (2 Co. 3, 2). Somos la carta que él escribiera con su mano y su corazón. Y así se convirtió en padre. Es una carta para los hombres de nuestro tiempo. Contemplamos al P. Kentenich y nos reconocemos a nosotros mismos, porque en el gran misterio de la Iglesia nosotros somos su Familia espiritual (...) "No sólo somos administradores de esta herencia, una herencia que nos llena de admiración, sino que constituimos una nueva generación de testigos que sienten cuánto interpela este misterio al sentimiento vital de hoy". El P. Walter esbozó en tres grandes rasgos la vida del Padre Kentenich, en una aproximación al misterio de la vida del apóstol de los gentiles, San Pablo: En ocasión de sus exequias, hace cuarenta años, Mons. Tenhumberg mencionaba aquella gran frase de San Pablo: "Ustedes son mi carta de recomendación". ¿Quién lee hoy esa carta con interés? ¿Qué se puede entender de esta carta que nosotros representamos? ¿Dónde se la comprende a primera vista?" ¿Qué nos anima?Sólo se escuchaba el hojear de la traducción de la homilía, cuando preguntó al final el P. Walter: "¿Cómo estamos respecto de las grandes misiones para las que fue llamada esa gran iniciativa divina que es Schoenstatt y que hay que cumplir en estos tiempos? ¿Qué nos anima? ¿Qué obstáculos dificultan nuestro camino? ¿Qué fomenta y qué perturba la confianza en la Familia? Hemos invertido muchas fuerzas en aclarar situaciones internas entre las comunidades, y en delinear una concepción cabal de la figura del Fundador. Esto a la larga puede ocasionar una paralización de fuerzas. Luego de cuarenta años es más necesario que nunca que seamos su carta en esta época, porque nuestro Padre no escribió otra". Los signos nos envían a la conquista Por la música ejecutada al final en el órgano, pasó casi desapercibido que los sacerdotes, después de salir de la iglesia y dirigirse a la tumba del Padre Kentenich, agregaron a la oración por su beatificación una canción que ya se ha transformado, en amplios círculos del Movimiento, en el emblema de toda una nueva generaron de testigos, dispuestos a llevar el carisma del Padre Kentenich hasta los confines del mundo y hasta los confines de la vida diaria en la Iglesia, en el trabajo y en las familias: "Padre y Profeta: nuestro corazón en tu corazón, nuestro pensamiento en tu pensamiento, nuestra mano en tu mano. Tu herencia, nuestra misión".
Traducción: aat, Argentina |
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Last Update: 23.09.2008