| published: 2006-04-11 |
En camino hacia la casa del PadreEl testimonio de Isidro Giangreco, de la Federación de Familias de Paraguay |
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PARAGUAY, Javier Cabral. Isidro Giangreco es ingeniero, trabaja en la construcción de obras civiles. Durante el año 2003 integró el consejo territorial de la Federación de Familias de Paraguay. Con su esposa Liz tienen 3 hijos. Es alegre, dicharachero, lleno de empuje. Personas así se destacan en todos los ambientes. Allá por los meses de agosto o septiembre de 2003 recibí un correo pidiendo oraciones por Isidro pues en un control médico se le había detectado un cáncer de hígado. Estos son momentos de conmoción, hacen que uno reflexione y se plantee: una persona correcta dedicada a su trabajo, a su familia, al Movimiento y sin previo aviso… ocurre… No es fácil entender la voluntad de Dios, los textos sobre el Poder en Blanco y la Inscriptio que uno lee cómodamente sentado en alguna reunión y que parecen algo lejano, de golpe están allí… cercanos, presentes en personas cercanas… En aquellos días Ramón Marini, entonces Jefe de la Federación de Familias en Paraguay escribía sobre el caso de Isidro en la Revista Tupãrenda: "Así se empezó a rezar en forma ininterrumpida la novena "Audaz en el riesgo", las mil Avemarías, se hicieron vigilias en el Santuario Joven, se siguió la propuesta de los hermanos de la Federación de Familias del Ecuador, de rezar lo que se conoce como "novena de tempestad", que consiste en rezar en un mismo día, los nueve días". Llegó el día de la operación: En el quirófano, debido a lo complejo de la enfermedad, se le volvió a cerrar sin tocar nada que pudiera comprometer más la situación. Me siento privilegiado por pertenecer a una Familia tan solidariaHacia finales del año 2003 tuve una conversación con Isidro, en la que me manifestó lo siguiente: "Estoy ofreciendo todos mis temores, mis miedos por la santidad de la Federación. Realmente me siento privilegiado por pertenecer a una Familia tan solidaria, eso me da fuerzas para seguir, para ofrecer todo ante lo que Dios decidió. Nunca me imaginé que haría este tipo de apostolado. Pero me doy cuenta que tengo que trabajar y reflexionar mucho en este tema. Ahora me suelo replantear los años de formación, pues toda nuestra vida y nuestra formación la hacemos en el ámbito terrenal, sin animarnos a levantar los ojos hacia la morada del Padre. Creo que a nadie se le ocurre pensar o decir: "quiero volver a Cristo". Pero no hacemos esto, estamos tan "enterrados", tan felices acá, que no se nos ocurre pensar en el momento del retorno, de subir hacia el Padre. Quizás sea porque consideramos el misterio de la muerte como una tragedia. Pero no debería ser así, porque si lo fuera, todo nuestro cristianismo y la búsqueda del Padre sería sólo un decir. En este momento yo estoy feliz y si Dios en su querer me llama para volver a Él, me siento feliz por ser su elegido y su instrumento para la redención de todos. Uno tiene que volver al amor original. Es cierto que existen los lazos afectivos y cuesta el paso de un estadio a otro… pues ya no nos vemos. El Padre Kentenich pensó mucho en esto, él vivió en plena libertad, no temía a las restricciones." La mano de Dios en todoEn otra oportunidad, también en diciembre de 2003, en son de broma dijo: "Estoy haciendo varias terapias, la radioterapia, que son los momentos de la medicina tradicional, la oraterapia, que son las oraciones de ustedes, la fitoterapia, que es una gran cantidad de aloe vera que alguien le dijo que era muy bueno, la psicoterapia, que es la gente del curso y los amigos con los cuales converso, les cuento y escucho". Mientras lo escuchaba a Isidro, pensaba "¡qué difícil ha de ser conservar el humor, mantener el espíritu en alto en momentos como estos! Yo no sé si lo conseguiría". En enero de 2004 salimos de vacaciones y al volver encontré un correo electrónico que informaba que el 27 de enero lo iban a operar del tumor. El 1º de abril de este año lo llamé a Isidro y me contó que le extirparon dos terceras partes del hígado, en una operación muy grande, de más de 10 horas. En ese momento estaba todavía en la etapa de recuperación, con algunos dolores, pero muy bien. Preparándose para etapa siguiente de la quimioterapia preventiva. Habían decidido realizar la operación, que no fue posible al inicio, pues el médico le indicó que la situación era la ideal, dentro de lo grave de la situación, pues se había dado una retracción del tumor. El mismo tumor comprimió algunas arterias que atrofiaron el lado enfermo y agrandaron el lado sano. Comentó: "la mano de Dios guió todo el proceso, así que veremos que dice el Señor para el futuro. Son situaciones difíciles de entender, cuando se vive como si no nos fuéramos a despegar nunca de la tierra". Destacó además el apoyo de la Federación, en especial de su curso, al que ofreció todo su sufrimiento. Y en entre los hijos de los matrimonios de su Curso "Arco Iris del Padre", ese año 2004 surgieron vocaciones que ingresaron al noviciado de los Padres de Schoenstatt. El sendero que no lleva a la casa del PadreEn mayo de 2004 lo he visto de nuevo con su sonrisa, con su buena onda. Su señora, Liz, me dijo bromeando: "está mejor que yo". En la Jornada de arranque de la Federación de Familias, en marzo de 2006, lo encontré nuevamente, siempre sonriente, lleno de vida… y seguirá la senda que Dios le irá indicando. Visto así su caso pareciera único, pero si pensamos un poco, en el fondo cada uno de nosotros cada día que amanece avanza en el sendero que nos lleva de retorno a la casa del Padre, en algunos casos en forma más impactante y en los demás casos sin darnos cuenta... |
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Last Update: 11.04.2006
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