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1. Mirando a la vidaHace algunos meses, la televisión austríaca emitió un programa con el título: "¿Son los hijos un lujo?" Entretanto otros canales han emitido también este programa. Para su preparación el equipo de reporteros visitó a una familia de Schoenstatt con 10 hijos, entrevistó a padres e hijos, filmó la oración de la mañana, una fiesta de cumpleaños y muchas situaciones del acontecer diario. En el programa emitido faltaron todo tipo de referencias religiosas. A pesar de ello se percibió mucho del clima que se reina en esa familia. Una familia con 5 hijos que había acudido por primera vez a una jornada de Schoenstatt opinaba: "Aquí, con nuestros 5 hijos, no llamamos apenas la atención. Con todo el respeto y con toda la pena para con las parejas que no pueden tener hijos, o sólo con esfuerzo uno o dos, la abundancia de hijos es riqueza de relaciones y, por ello, una bendición. En una familia con cuatro personas existen 6 posibles modos de relación, en una con 8 personas 28, en una con 12 personas 66. A quien le gusten las matemáticas, puede calcular el número de posibles relaciones con la fórmula: n × (n −1 ) : 2=, representando n el número de miembros de la familia. En la familia se produce la formación del grupo, hermanos y hermanas predilectos, se da el juego de constantes variaciones de cercanía y distancia. En la familia se entrena a diario, por así decirlo, de paso, aquello que se necesita en la convivencia: ● compartir y defender los tesoros propios, ● imponerse y llegar a compromisos, ● pelearse y reconciliarse, ● asumir corresponsabilidad por los hermanos más pequeños y reclamar ayuda de los mayores, ● dar y tomar, ● abrirse y guardar secretos, ● mantener lo prometido y poder fiarse de los otros, ● rivalizar y cooperar, ● desarrollar los talentos propios y poder alegrarse de los éxitos de los otros, ● ganar y perder. Mediante la riqueza de relaciones surge sencillamente un campo de entrenamiento múltiple para lo que los psicólogos y sociólogos llaman hoy "competencia social". Lo sabemos de otras capacidades: lo que no se entrena, ya no resulta tan bien. Un músico opinaba una vez: "Si no ensayo un día, yo lo noto, si no ensayo una semana, el director lo nota, si no ensayo un mes, el público lo nota. Algo parecido escuchamos decir a los deportitstas, cuando se trata de la condición física. Un niño que vive solo con sus padres, ¿dónde puede entrenar el trato con niños de la misma edad? Quizá durante 3 horas en el jardín de infancia. Si a esto se le añade además una predisposición a la introversión, entonces se encuentra trazada de antemano la muy probable senda del solitario. 2. Mirando a la Biblia:En la Epístola a los Efesios y a los Corintios se describe la comunidad íntima de los cristianos entre sí con la imagen del "Cuerpo de Cristo": "Yo os exhorto, pues, preso por el Señor, a que viváis de una manera digna de la vocación con que habéis sido llamados, con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándoos unos a otros por amor, poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vículo de la paz. Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que habéis sido llamados." (Ef 4, 1-4) En la 1 Epístola a los Corintios se dice: "Pues del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo, así también Cristo. Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no formar más que un cuerpo, judios y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu. Así también el cuerpo no se compone de un solo miembro, sino de muchos. Si dijera el pie: «Puesto que no soy mano, yo no soy del cuerpo» ¿dejaría de ser parte del cuerpo por eso? Y si el oído dijera: «Puesto que no soy ojo, no soy del cuerpo» ¿dejaría de ser parte del cuerpo por eso? Si todo el cuerpo fuera ojo ¿dónde quedaría el oído? Y si fuera todo oído ¿donde el olfato? Ahora bien, Dios puso cada uno de los miembros en el cuerpo según su voluntad. Si todo fuera un solo miembro ¿dónde quedaría el cuerpo? Ahora bien, muchos son los miembros, mas no el cuerpo. Y no puede el ojo decir a la mano: «¡No te necesito!» Ni la cabeza a los pies: «¡No os necesito!» Más bien los miembros del cuerpo que tenemos por más débiles, son indispensables... Si sufre un miembro, todos los demás sufren con él. Si un miembro es honrado, todos los demás toman parte en su gozo. Ahora bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte." (1 Co, 12, 12-27) La imagen del Cuerpo de Cristo pone de manifiesto qué importante es para una vivencia intensa de la comunidad la mutua valoración, una manifiesta disposición de complementación, la comunicación intensa, la buena conjunción. Este deseo lo encontramos muy bellamente expresado en el discurso de despedida de Jesús en la tarde noche antes de su pasión: "No ruego sólo por estos, sino también por aquellos que, por medio de su palabra, creerán en mí, para que todos sean uno. Como tú, Padre, en mí y yo en ti, que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado. Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y tú en mí, para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí." (Jn 17, 20-23) 3. Mirando hacia nosotros"Los schoenstattianos, ¡esos son los de las elevadas cuentas de teléfono!", opinaba hace poco alguien que había participado en diferentes encuentros que los schoenstattianos habían realizado en su parroquia. Y, con ello, a esta persona no le faltaba del todo razón. Hay personas que coleccionan sellos, muchos schoenstattianos coleccionan personas y sus direcciones. Hace poco alguien se quejaba: "En mi móvil preferiría tener 10 tonos de llamada menos y a cambio 50 espacios de memoria más para guardar más números de teléfono." Una jubilada me contaba con gran entusiasmo que ahora habría más posibilidades de mantener un contacto intenso por email precisamente también con schoenstattianos del otro lado del océano que había conocido en congresos internacionales. Al mostrar cierta sorpresa y reconocimiento por la utilización de ese nuevo medio, dijo ella en tono jocoso: "Sí, al comienzo hubo muchos temores al usarlo y mucha frustración, pero mi nieto fue para mí otra vez el ángel salvador. Con mucha paciencia me explicó una y otra vez el manejo del ordenador. Ahora me siento segura. Como mucho olvido poner en el anexo el documento deseado y, antes de darme cuenta, ya he enviado el email. Pero esto les sucede también a los jóvenes. El motivo más fuerte para mí era realmente atreverme a hacerlo una y otra vez, y tener la posibilidad de cultivar los contactos, especialmente desde que mis piernas se han vuelto más inseguras y me cuesta mucho viajar." Hay estudios acerca de la conducta de contacto de las personas. Personas con profundos trastornos anímicos tienen únicamente una o dos personas de contacto; personas anímicamente sanas tienen 20 o 30 personas aproximadamente con las que tienen un intercambio verbal regular, más allá de una simple retórica de cortesía, y a esto se le añaden unas 50 personas que pertenecen al círculo más amplio de personas conocidas con las que se produce al menos un contacto al año. Por causas profesionales, los maestros, médicos, vendedores y periodistas tienen un círculo de amistades grande, lo que no significa que tengan muchos amigos. Me llama la atención que muchos schoenstattianos inviertan grandes cantidades de tiempo y energía en su red de relaciones, que es superior a la media del resto de personas. Desde hace poco tiempo trabajo en una nueva diócesis. Aquí me interesa también por supuesto saber cómo ha llegado a Schoenstatt cada una de las familias. Para muchas familias uno de los cónyuges ya había estado en una de las ramas de juventud de Schoenstatt. Además se mencionan dos factores: "Lo que se decía en los encuentros de Schoenstatt era tan útil y cercano a la vida. Con eso podíamos hacer algo." "Allí se interesaba alguien por nosotros, nos invitaban siempre, sin enfadarse cuando no íbamos. Y después de los encuentros nos llamaban, entonces, para preguntarnos cómo nos habíamos sentido, qué temas nos podrían interesar, etc." Si queremos expresar esto sin rodeos, entonces podemos decir: los franciscanos son pobres, los jesuitas inteligentes, los schoenstattianos sociables y su fuerte son las relaciones. 4. Mirando al fundador de SchoenstattEl Padre Kentenich menciona a menudo que, cuando era joven, se encontraba muy solo y se sentía incomprendido: "Indudablemente hay muchas personas, cuyos años de desarrollo se asemejan [a los míos]. Sin embargo, haciendo un análisis objetivo, creo poder constatar que el grado, la amplitud y duración – partiendo de una experiencia comparativa asequible – ha tomado una proporción extraordinaria." Después de la ordenación sacerdotal se desarrolló entonces su capacidad de relacionarse, de manera que los alumnos y estudiantes comenzaron a apreciar especialmente este ofrecimiento de cercanía espiritual. Un día, mirando al pasado, el Padre Kentenich dijo: "Como tipo del hombre moderno pude saborear abundantemente su necesidad espiritual. Es la necesidad de un intelectualismo mecanicista, la idea de la vida (idealismo) que separa al yo persona del tú opuesto personal (individualismo), que separa lo sobrenatural del orden natural... Al finalzar los estudios, el espíritu se sumergió profundamente en la vida gracias a la nueva tarea como maestro y educador. Al sicólogo (en mí) le debía parecer evidente el que, debido a esa conexión con la vida, mi disposición básica extraordinariamente fuerte hacia lo trascendental comenzara a encontrar un contrapeso, y que por la unión entre idea y vida, o por la forma orgánica de pensar y vivir, se llegara no sólo a una curación completa de la propia vida anímica, sino también a la verdadera tarea de vida: la superación de la forma de pensar y vivir mecanicista." Su historia de curación personal le abre a él un camino nuevo hacia cómo hoy se puede deletrear de un modo nuevo la redención. En la ‘Santidad de la vida diaria’ define santidad como la capacidad de construir y cultivar relaciones intensas con Dios, con las personas, consigo mismo, con el trabajo y con los lugares e las ideas. El texto original dice: "La santidad de la vida diaria es la armonía santa entre la vinculación marcadamente afectiva con Dios, con las obras y con las personas en todas las situaciones de la vida." El término "marcadamente afectiva" tenía entonces otra connotación. No designaba una explosión incontrolada de la vida afectiva, con las consiguientes acciones incontroladas, tal y como lo empleamos en la actualidad, sino que tenía la idea de que la vida afectiva debería estar integrada en la relación. El hecho de que, a causa de la libertad interior, tengamos que soltar y aprender a renunciar, de vez en cuando, a cosas, también a personas, forma parte para el Padre Kentenich de su enseñanza sobre las vinculaciones. De algunas conversaciones sobre el tema sé qué fácil es que puedan infiltrarse aquí equívocos. Por ello, citaremos de nuevo un texto original extraído de la ‘Santidad de la vida diaria’: "El Salvador nos ha mostrado a través de su vida esa carencia divina de necesidades y nos ha indicado, en primer lugar, el camino cómo debemos de ser interiormente, con independencia de las cosas, y, a continuación, aunque también dependiendo de las circunstancias, cómo nos podemos liberar de esas cosas. Por vinculación heróica a las cosas entendemos por ello la renuncia santa (agradable a Dios) a las creaturas según el ideal del Dios hecho hombre – del Salvador pobre, humillado y crucificado – o del espíritu de los votos, es decir, la libertad interior de un apego desordenado a bienes y tenencias, al honor y la reputación, y a disfrutes sensuales. Si esa libertad es verdadera, entonces tiene que probarse también, llegado el momento, con obras concretas. 5. Mirando a nuestras posibilidades de realización:Nos tomamos tiempo y hacemos inventario de las relaciones; es decir, cogemos una hoja de papel y escribimos en el centro "yo", y después dibujamos nuestra red actual de relaciones: los próximos, los que están cerca, los conocidos. Esto lo podemos dibujar biográfico-históricamente: ¿qué personas de vínculo tuvieron para mí una importancia y a qué edad? A veces confirmaremos que el parentesco de valores posibilita una mayor cercanía que el parentesco de sangre. Analizamos el último mes y nos preguntamos: ¿Cuánto tiempo nos hemos dedicado el uno al otro como pareja? ¿Encaja esto así? ¿Anhela uno de nosotros una mayor cercanía y exclusividad? Teniendo en cuenta la carga del trabajo y de los niños, ¿qué es posible desde un punto de vista realista? Asimismo dedicamos tiempo en común para la oración personal en voz alta. ¿En qué actividades comunes desarrollamos el sentimiento de un nosotros más intenso? ¿Qué estrategias tenemos para "tiempos de estepa", cuando en uno de nosotros, a pesar de la buena voluntad, el alma está seca y los sentimientos intensos no son posibles? De cuando en cuando limpiamos nuestro calendario de las crecientes obligaciones y, en caso necesario, dejamos alguna asociación o reducimos el número de nuestras citas. Nos preguntamos: ¿Quién nos es en principio muy importante, y a quien hemos descuidado en el último tiempo? ¿Cuándo podemos llamarle por teléfono, visitarle o escribirle una carta, y no sólo un SMS (mensaje corto vía móvil)? Los pequeños regalos contienen amistades. Además de las obligatorias cajitas de chocolates y de las botellas de vino, ¿tenemos una reserva de regalos pequeños originales a los que podemos recurrir espontáneamente? ¿Podemos – no sólo en situaciones de necesidad aguda – asumir un apadrinamiento de oración? Es decir, rezar una semana o un mes por alguien, o en un día determinado de la semana por un grupo de personas determinado, o colocamos una foto en el Santuario Hogar, o ponemos una lista de nombres en el Santuario Hogar y repasamos de vez en cuando esos nombres y los ponemos bajo la protección de la Virgen. Dedicamos determinadas aportaciones al Capital de Gracias a nuestros "hijos necesitados". Nos hacemos más valientes para aceptar la ayuda y el apoyo que nos es l ofrecido. Apesar de la alegría que nos produce nuestra intensa red de relaciones, nos tomamos de vez en cuando tiempo para estar con nosotros a solas, y nos mantenemos en ello. 5. Un ruego para acabar:¡Por favor, recoja sus observaciones y experimente en su familia! Esto le va a hacer bien a todos en su familia. Además puede compartir con otros sus buenas experiencias en el Congreso de Familias. Se decía de los primeros discípulos, que compartían todo entre sí. La mayoría de las personas pueden, por sí mismas, conseguir un techo, comida, ropa. Pero en una sociedad pluralista faltan a menudo posibilidades de orientación, experiencias prácticas sobre cómo, a largo plazo, puede lograrse hoy (auto-)educación. Orientación y estímulo – esta forma de amor al prójimo marcará el Congreso. Traducción: Esteban Santori, Alemania |
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Last Update: 30.06.2004
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